"Afligios, lamentad y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro y vuestro gozo en tristeza" (Santiago 4:9).
¿Alguna vez ha deseado revivir el pasado para tener la posibilidad de en¬mendar las palabras que lastimaron a otros; corregir los errores que cometió y las decisiones equivocadas que tomó; y borrar los momentos en que se sintió desalentado y abandonado por el Señor?
Si algo hay que sea cierto es que es imposible volver atrás en el tiempo y revivir lo que ya hemos vivido. Pero, si pudiéramos, ¿haríamos lo mismo? La verdad es que muchos no cambiaríamos: cometeríamos los mismos errores, lastimaríamos a las personas y tomaríamos decisiones equivocadas. ¿Por qué? Porque somos así, es nuestra naturaleza. Pero Jesús vino para ayudarnos a cam¬biar nuestra vida de manera sobrenatural.
Jesús dijo: "Bienaventurados los que lloran", es decir: "Bienaventurados los que se sienten tristes, no por lo que les ha ocurrido, sino por cómo trataron a los de¬más". Me he dado cuenta de que, para mí, es más natural ser orgulloso y egoísta que humilde y amable. Incluso es posible que diga que lo lamento sin lamentarlo en absoluto. Es lo mismo que pisar el pie de alguien y, de manera mecánica, decir: "Lo siento", al tiempo que se piensa: "No fue culpa mía. Tú te pusiste en mi camino".
Si reacciono así me entristezco. A veces me gustaría gritar: "¡Dios, sé pro¬picio a mí, pecador!" (Luc. 18:13). Creo que esto es lo que Jesús quiso decir con: "Bienaventurados los que lloran". Si no reconozco lo mucho que necesito a Jesús seré siempre lo que fui: un pecador que comete siempre los mismos errores.
El dolor genuino implica que admitimos nuestra necesidad. Cuando el Es¬píritu Santo nos convence de pecado, nuestro corazón llora. Llorar significa que cada día nos damos cuenta de que necesitamos a Jesús. El único que puede quitar la mancha del pecado es Jesús.
A menos que lloremos por nuestros pecados, los cometeremos una y otra vez. Sin embargo, Jesús nos ha prometido que él nos consolará. No podemos volver a vivir el pasado, pero sí podemos proseguir a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro (Fil. 3:14). Quizá suene extraño, pero esta bienaventuranza nos recomienda que nos entristez-camos, el único modo de recibir consuelo.
Dios te bendiga..!!!
Vi un Cielo nuevo y una Tierra nueva; porque el primer Cielo y la primera Tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Apocalipsis 21:1
lunes, 16 de enero de 2012
jueves, 5 de enero de 2012
“DEMASIADO TARDE”
“Samuel se volvió para irse, pero él se asió de la punta de su manto, y éste se desgarró. Entonces Samuel le dijo: “Jehová ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú”. 1Samuel 15:27,28
En la Biblia encontramos repetidas veces el caso de hombres desesperados al darse cuenta de lo que habían perdido para siempre. Está el caso de Esaú, que en un momento de liviandad vendió algo tan sagrado como era la primogenitura, por un plato de lentejas. Cuando Esaú se dio cuenta, lloró ante su padre diciendo: ¿No has guardado bendición para mí? (Gen.27:36). Pero el tiempo había pasado y el reloj de la vida había dado las doce campanadas. Era demasiado tarde.
En el versículo de hoy encontramos al rey Saúl en una actitud desesperada. “Perdona, pues, ahora mi pecado. Vuelve conmigo para que adore a Jehová”, suplica al profeta Samuel (ver.24, 25). Con tristeza, ve partir para siempre su gran oportunidad. Nunca tomó en serio los requisitos divinos; jugó con la paciencia de Dios, y ahora toma la punta del manto de Samuel tratando de asegurar lo que se le escapa. Para desesperación suya, ve que la capa se rasga. El reloj de la vida da las doce campanadas. Es demasiado tarde. El profeta lo mira y le dice: “Jehová ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel”.
¿Por qué será que al ser humano le gusta tanto jugar con las oportunidades que Dios le da? ¿Por qué será que cuando las oportunidades están en nuestras manos, tenemos la impresión de que siempre estarán allí?
El mensaje de hoy es: Escucha la voz de Dios mientras te habla. Aprovecha las oportunidades que él te da mientras es el tiempo oportuno y el día de salvación todavía no llegó a su fin. El Señor está ahí, con los brazos abiertos. Cae de rodillas delante de él y di: “Señor, no tengo fuerzas, las luces del mundo ofuscan mi visión, necesito tu perdón, tu gracia, pero necesito también tu poder”.
Meditemos en lo siguiente: Al salir hoy a las actividades del día, lleva un cántico en tu corazón. Cree en la victoria que Jesús es capaz de darte. Tómate del brazo poderoso del Padre, y por la tarde retorna a tu casa victorioso en Cristo.
(Tomado de: A solas con Jesús)
En la Biblia encontramos repetidas veces el caso de hombres desesperados al darse cuenta de lo que habían perdido para siempre. Está el caso de Esaú, que en un momento de liviandad vendió algo tan sagrado como era la primogenitura, por un plato de lentejas. Cuando Esaú se dio cuenta, lloró ante su padre diciendo: ¿No has guardado bendición para mí? (Gen.27:36). Pero el tiempo había pasado y el reloj de la vida había dado las doce campanadas. Era demasiado tarde.
En el versículo de hoy encontramos al rey Saúl en una actitud desesperada. “Perdona, pues, ahora mi pecado. Vuelve conmigo para que adore a Jehová”, suplica al profeta Samuel (ver.24, 25). Con tristeza, ve partir para siempre su gran oportunidad. Nunca tomó en serio los requisitos divinos; jugó con la paciencia de Dios, y ahora toma la punta del manto de Samuel tratando de asegurar lo que se le escapa. Para desesperación suya, ve que la capa se rasga. El reloj de la vida da las doce campanadas. Es demasiado tarde. El profeta lo mira y le dice: “Jehová ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel”.
¿Por qué será que al ser humano le gusta tanto jugar con las oportunidades que Dios le da? ¿Por qué será que cuando las oportunidades están en nuestras manos, tenemos la impresión de que siempre estarán allí?
El mensaje de hoy es: Escucha la voz de Dios mientras te habla. Aprovecha las oportunidades que él te da mientras es el tiempo oportuno y el día de salvación todavía no llegó a su fin. El Señor está ahí, con los brazos abiertos. Cae de rodillas delante de él y di: “Señor, no tengo fuerzas, las luces del mundo ofuscan mi visión, necesito tu perdón, tu gracia, pero necesito también tu poder”.
Meditemos en lo siguiente: Al salir hoy a las actividades del día, lleva un cántico en tu corazón. Cree en la victoria que Jesús es capaz de darte. Tómate del brazo poderoso del Padre, y por la tarde retorna a tu casa victorioso en Cristo.
(Tomado de: A solas con Jesús)
miércoles, 4 de enero de 2012
COSAS QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR
“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. 1 Timoteo 6:17
Un famoso escritor escribió en cierta ocasión: “Es bueno tener dinero y las cosas que con él se pueden comprar, pero también es bueno, de vez en cuando, verificar y asegurarse de que no se han perdido las cosas que el dinero no puede comprar”.
Esta declaración, que hace eco a las palabras de 1 Timoteo, debiera inspirarnos a hacer un inventario de las cosas que tenemos que no podríamos comprar, pero que ciertamente no desearíamos perder.
En primer lugar tendríamos que colocar el amor de Dios. Este es el amor que verdaderamente nos sostiene cuando todo lo demás se ha acabado, amor generoso, que nada espera, que todo lo soporta y que nunca deja de ser (1 Cor. 13).
En segundo lugar contaríamos el amor de seres queridos y amigos, que se gana en el intercambio de afecto y apoyo y al compartir juntos la vida. La lista tendría que incluir la belleza de la naturaleza. Hay muchas obras humanas que despiertan la admiración, pero la belleza y la abundancia de la creación de Dios superan por mucho la producción humana.
Todos los días podemos disfrutar la grandeza del cielo, el sol, las estrellas, las plantas y los árboles, el canto de las aves, el beso de la brisa.
Hay una lista interminable de tesoros gratuitos. Entre ellos la paz mental, la clara conciencia, la buena salud, la libertad de la opresión, la oportunidad de congregarnos para adorar a Dios, el ejercicio físico, la oración, la esperanza en la vida eterna, la oportunidad de servir. Cada uno podría añadir algo más a la lista.
Meditemos en lo siguiente: El versículo de hoy, nos invita a confiar en Dios, quien provee en abundancia lo que es más importante que cualquier riqueza humana.
(Tomado de: Herederos de promesas)
QUE DIOS TE BENDIGA!!!
Un famoso escritor escribió en cierta ocasión: “Es bueno tener dinero y las cosas que con él se pueden comprar, pero también es bueno, de vez en cuando, verificar y asegurarse de que no se han perdido las cosas que el dinero no puede comprar”.
Esta declaración, que hace eco a las palabras de 1 Timoteo, debiera inspirarnos a hacer un inventario de las cosas que tenemos que no podríamos comprar, pero que ciertamente no desearíamos perder.
En primer lugar tendríamos que colocar el amor de Dios. Este es el amor que verdaderamente nos sostiene cuando todo lo demás se ha acabado, amor generoso, que nada espera, que todo lo soporta y que nunca deja de ser (1 Cor. 13).
En segundo lugar contaríamos el amor de seres queridos y amigos, que se gana en el intercambio de afecto y apoyo y al compartir juntos la vida. La lista tendría que incluir la belleza de la naturaleza. Hay muchas obras humanas que despiertan la admiración, pero la belleza y la abundancia de la creación de Dios superan por mucho la producción humana.
Todos los días podemos disfrutar la grandeza del cielo, el sol, las estrellas, las plantas y los árboles, el canto de las aves, el beso de la brisa.
Hay una lista interminable de tesoros gratuitos. Entre ellos la paz mental, la clara conciencia, la buena salud, la libertad de la opresión, la oportunidad de congregarnos para adorar a Dios, el ejercicio físico, la oración, la esperanza en la vida eterna, la oportunidad de servir. Cada uno podría añadir algo más a la lista.
Meditemos en lo siguiente: El versículo de hoy, nos invita a confiar en Dios, quien provee en abundancia lo que es más importante que cualquier riqueza humana.
(Tomado de: Herederos de promesas)
QUE DIOS TE BENDIGA!!!
martes, 3 de enero de 2012
La Palabra de Dios es alimento
Basado en Mateo 4:4
"¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Más que la miel a mi boca!" (Salmo 119:103).
DURANTE EL TIEMPO que vivió en la tierra, todo lo que hizo Jesús estuvo íntimamente relacionado con su uso de las Escrituras. Desde que en el templo, cuando contaba solo con doce años de edad, enseñaba a los ancianos hasta que, en la cruz, exclamó: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has des¬amparado?", Las Escrituras fueron su guía.
Cuando Satanás lo tentó en el desierto, Jesús venció con las palabras: "Escrito está". Cuando los fariseos trataron de ponerle alguna trampa, é! usó la Palabra de Dios para mostrarles su error: "¿Qué dice la Escritura?"; "¿No habéis leído?"; "¿No está escrito?".
Jesús siempre citaba las Escrituras para mostrar a sus discípulos que sufriría, moriría y resucitaría. Dijo: "¿Cómo se cumplirían, si no, las Escrituras?". Colgado en la cruz, citó palabras que ya estaban en las Escrituras: "¿Por qué me has desamparado?"; y finalmente: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Me encanta cuidar un huerto. No siempre hemos podido tener uno. Sin embargo, cuando ha sido posible, Indefectiblemente, en casa ha habido huerto. A veces cultivo frijoles. Me gustan los frijoles. Un frijol es una semi¬lla y, al mismo tiempo, también puede ser alimento. De la misma manera, la Biblia es a la vez semilla y alimento. Cuando leemos la Biblia, como si fuera una semilla regada por el Espíritu Santo, en nuestro corazón empieza a germinar la vida espiritual. Del mismo modo que comemos frijoles para alimentarnos, la lectura diaria de la Palabra de Dios nos sostiene y nos alimenta.
Si usted desea ser un hombre de Dios, fuerte en la fe, lleno de ben¬dición, rico en frutos para la gloria de Dios, tendrá que estar lleno de la Palabra de Dios. Haga como Cristo y permita que la Palabra se convierta en su pan. Haga que viva abundantemente en usted. Haga que su corazón se llene de ella. Aliméntese con ella. Crea en ella. Obedézcala.
Cada lectura diaria está acompañada por un versículo para memorizar. Apréndalo y medite en su significado a medida que transcurre el día. Tenga la seguridad de que, cuando use las Escrituras como Cristo las usaba, ellas harán por usted lo mismo que hicieron por él.
Dios te bendiga…!!!
"¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Más que la miel a mi boca!" (Salmo 119:103).
DURANTE EL TIEMPO que vivió en la tierra, todo lo que hizo Jesús estuvo íntimamente relacionado con su uso de las Escrituras. Desde que en el templo, cuando contaba solo con doce años de edad, enseñaba a los ancianos hasta que, en la cruz, exclamó: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has des¬amparado?", Las Escrituras fueron su guía.
Cuando Satanás lo tentó en el desierto, Jesús venció con las palabras: "Escrito está". Cuando los fariseos trataron de ponerle alguna trampa, é! usó la Palabra de Dios para mostrarles su error: "¿Qué dice la Escritura?"; "¿No habéis leído?"; "¿No está escrito?".
Jesús siempre citaba las Escrituras para mostrar a sus discípulos que sufriría, moriría y resucitaría. Dijo: "¿Cómo se cumplirían, si no, las Escrituras?". Colgado en la cruz, citó palabras que ya estaban en las Escrituras: "¿Por qué me has desamparado?"; y finalmente: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Me encanta cuidar un huerto. No siempre hemos podido tener uno. Sin embargo, cuando ha sido posible, Indefectiblemente, en casa ha habido huerto. A veces cultivo frijoles. Me gustan los frijoles. Un frijol es una semi¬lla y, al mismo tiempo, también puede ser alimento. De la misma manera, la Biblia es a la vez semilla y alimento. Cuando leemos la Biblia, como si fuera una semilla regada por el Espíritu Santo, en nuestro corazón empieza a germinar la vida espiritual. Del mismo modo que comemos frijoles para alimentarnos, la lectura diaria de la Palabra de Dios nos sostiene y nos alimenta.
Si usted desea ser un hombre de Dios, fuerte en la fe, lleno de ben¬dición, rico en frutos para la gloria de Dios, tendrá que estar lleno de la Palabra de Dios. Haga como Cristo y permita que la Palabra se convierta en su pan. Haga que viva abundantemente en usted. Haga que su corazón se llene de ella. Aliméntese con ella. Crea en ella. Obedézcala.
Cada lectura diaria está acompañada por un versículo para memorizar. Apréndalo y medite en su significado a medida que transcurre el día. Tenga la seguridad de que, cuando use las Escrituras como Cristo las usaba, ellas harán por usted lo mismo que hicieron por él.
Dios te bendiga…!!!
lunes, 2 de enero de 2012
No solo de pan
"No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4).
CUANDO ÉRAMOS NIÑOS, en casa hubo siempre un perro, un gato o un pájaro. Después de tantos años, aún recuerdo sus nombres. Nuestro primer perro se llamaba Butch. Nuestro primer gato fue Boots y el nombre de nuestro periquito era Pretty Boy.
Los animales nacen con ciertos instintos. Un gatito sabe cómo ser un gato sin tener que ir a una escuela para gatos. Los monos saben cómo ser monos y las aves saben cómo ser aves. Pero la gente no sabe comportarse como per¬sonas civilizadas a menos que alguien se lo enseñe. Un gato no necesita que le enseñen cómo tiene que asearse o lavarse la cara. Por desgracia, la especie con la dignidad más elevada de la creación de Dios carece de ese instinto. Si alguien no enseña a una persona cómo tiene que lavarse la cara, nunca sabrá hacerlo.
Por fortuna, la gente es capaz de aprender a lavarse la cara y mantener un aspecto aseado. Aprendemos a leer y a escribir. En la escuela se nos enseñan las habilidades necesarias para vivir en este mundo. Asimismo, de la Biblia, la Palabra de Dios, aprendemos cosas sobre los aspectos más importantes de nuestra vida: la vida espiritual.
Vamos a la escuela para formarnos con el fin de poder ganarnos la vida y el sustento para nosotros y nuestra familia. Sin embargo, aunque es importante, Jesús dijo: "Escrito está: 'No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'" (Mateo 4:4).
Queremos que nuestros hijos se desarrollen correctamente. Por eso pone¬mos todo nuestro empeño en que, ya desde la más tierna infancia, aprendan a leer y escribir... y a lavarse la cara. Pero hay algo aún más importante: que¬remos que conozcan la Palabra de Dios. En 2 Timoteo 3:15 leemos: "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús".
La sabiduría que procede de las Escrituras, además de hacernos sabios en las cuestiones que tienen que ver con nuestra salvación futura, nos ayudará en mul¬titud de problemas en esta vida. Es mi deseo que, a medida que lea estas meditaciones, memorice el texto para cada día. La repetición frecuente del versí¬culo a lo largo del día, contribuirá a fijarlo en la memoria.
Ahora lo invito a cerrar los ojos y orar para que este año Jesús entre como nunca antes en su vida y en las vidas de aquellos que ama. No le dé solo tiempo, entréguele también su corazón.
Que Dios pueda ayudarle a cumplir sus metas en este año 2012 de acuerdo a su santa voluntad…!!!
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
- Juan 14:13 - 14
Dios te bendiga…!!!
CUANDO ÉRAMOS NIÑOS, en casa hubo siempre un perro, un gato o un pájaro. Después de tantos años, aún recuerdo sus nombres. Nuestro primer perro se llamaba Butch. Nuestro primer gato fue Boots y el nombre de nuestro periquito era Pretty Boy.
Los animales nacen con ciertos instintos. Un gatito sabe cómo ser un gato sin tener que ir a una escuela para gatos. Los monos saben cómo ser monos y las aves saben cómo ser aves. Pero la gente no sabe comportarse como per¬sonas civilizadas a menos que alguien se lo enseñe. Un gato no necesita que le enseñen cómo tiene que asearse o lavarse la cara. Por desgracia, la especie con la dignidad más elevada de la creación de Dios carece de ese instinto. Si alguien no enseña a una persona cómo tiene que lavarse la cara, nunca sabrá hacerlo.
Por fortuna, la gente es capaz de aprender a lavarse la cara y mantener un aspecto aseado. Aprendemos a leer y a escribir. En la escuela se nos enseñan las habilidades necesarias para vivir en este mundo. Asimismo, de la Biblia, la Palabra de Dios, aprendemos cosas sobre los aspectos más importantes de nuestra vida: la vida espiritual.
Vamos a la escuela para formarnos con el fin de poder ganarnos la vida y el sustento para nosotros y nuestra familia. Sin embargo, aunque es importante, Jesús dijo: "Escrito está: 'No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'" (Mateo 4:4).
Queremos que nuestros hijos se desarrollen correctamente. Por eso pone¬mos todo nuestro empeño en que, ya desde la más tierna infancia, aprendan a leer y escribir... y a lavarse la cara. Pero hay algo aún más importante: que¬remos que conozcan la Palabra de Dios. En 2 Timoteo 3:15 leemos: "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús".
La sabiduría que procede de las Escrituras, además de hacernos sabios en las cuestiones que tienen que ver con nuestra salvación futura, nos ayudará en mul¬titud de problemas en esta vida. Es mi deseo que, a medida que lea estas meditaciones, memorice el texto para cada día. La repetición frecuente del versí¬culo a lo largo del día, contribuirá a fijarlo en la memoria.
Ahora lo invito a cerrar los ojos y orar para que este año Jesús entre como nunca antes en su vida y en las vidas de aquellos que ama. No le dé solo tiempo, entréguele también su corazón.
Que Dios pueda ayudarle a cumplir sus metas en este año 2012 de acuerdo a su santa voluntad…!!!
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
- Juan 14:13 - 14
Dios te bendiga…!!!
miércoles, 28 de diciembre de 2011
SIGAMOS EL MODELO
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. (1 Pedro 2: 21-24).
Jesús fue afligido en todas nuestras aflicciones. El Capitán de nuestra salvación fue hecho perfecto por medio del sufrimiento. En esta vida seremos probados para ver si somos capaces o no de soportar la prueba de Dios. Las tentaciones de Satanás vendrán sobre nosotros para probarnos, pero la pregunta de mayor importancia es: ¿Caeremos vencidos, o venceremos?... Como nuestro gran ejemplo, podremos afrontar a Satanás con el arma de la Palabra de Dios, diciéndole cuando nos tiente a hacer el mal: "Está escrito" (Mat. 4: 4).
Satanás sabe mejor que muchos profesos cristianos lo que está escrito, porque es un estudiante diligente de la Biblia. Pero él obra para pervertir la verdad y llevar a los hombres por el sendero de la desobediencia. Los induce a descuidar la investigación de la Palabra de Dios porque sabe que testifican contra él al denunciar que sus obras son malas. Lo describe como el ángel apóstata que cayó del cielo arrastrando en la rebelión contra su Creador a una tercera parte de las huestes celestiales.
Satanás está buscando continuamente apartar la mente humana de Dios y de su Palabra. Sabe que si puede conseguir que los hombres descuiden las Escrituras, pronto podrá desviarlos de sus preceptos, y finalmente los hará olvidar a su Hacedor. Al aceptar las sugerencias e instrucciones del adversario de Dios y del hombre, los hombres malos y los ángeles caídos formarán una confederación contra el Dios del cielo.
Los que desean ser leales a su Hacedor estarán sujetos a pruebas y tentaciones, pero si realmente viven para él y tienen sus vidas escondidas con Cristo en Dios, también sabrán lo que es tener las bendiciones que Dios derrama sobre los fieles y obedientes.
Dios te bendiga…!!!
Jesús fue afligido en todas nuestras aflicciones. El Capitán de nuestra salvación fue hecho perfecto por medio del sufrimiento. En esta vida seremos probados para ver si somos capaces o no de soportar la prueba de Dios. Las tentaciones de Satanás vendrán sobre nosotros para probarnos, pero la pregunta de mayor importancia es: ¿Caeremos vencidos, o venceremos?... Como nuestro gran ejemplo, podremos afrontar a Satanás con el arma de la Palabra de Dios, diciéndole cuando nos tiente a hacer el mal: "Está escrito" (Mat. 4: 4).
Satanás sabe mejor que muchos profesos cristianos lo que está escrito, porque es un estudiante diligente de la Biblia. Pero él obra para pervertir la verdad y llevar a los hombres por el sendero de la desobediencia. Los induce a descuidar la investigación de la Palabra de Dios porque sabe que testifican contra él al denunciar que sus obras son malas. Lo describe como el ángel apóstata que cayó del cielo arrastrando en la rebelión contra su Creador a una tercera parte de las huestes celestiales.
Satanás está buscando continuamente apartar la mente humana de Dios y de su Palabra. Sabe que si puede conseguir que los hombres descuiden las Escrituras, pronto podrá desviarlos de sus preceptos, y finalmente los hará olvidar a su Hacedor. Al aceptar las sugerencias e instrucciones del adversario de Dios y del hombre, los hombres malos y los ángeles caídos formarán una confederación contra el Dios del cielo.
Los que desean ser leales a su Hacedor estarán sujetos a pruebas y tentaciones, pero si realmente viven para él y tienen sus vidas escondidas con Cristo en Dios, también sabrán lo que es tener las bendiciones que Dios derrama sobre los fieles y obedientes.
Dios te bendiga…!!!
martes, 27 de diciembre de 2011
POR LA SANGRE DEL CORDERO
Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis 12: 11).
Consideremos la vida y el sufrimiento de nuestro precioso Salvador en nuestro favor, y recordemos, que si no estamos dispuestos a soportar pruebas, fatigas, conflictos, y a participar con Cristo en sus sufrimientos, seremos considerados indignos de ocupar un lugar junto a su trono.
Como en el conflicto con nuestro poderoso enemigo tenemos todo para ganar, no podemos atrevernos a ceder a sus tentaciones ni por un momento. Sabemos que con nuestras propias; fuerzas no es posible tener éxito. Pero Cristo, al humillarse y tomar sobre sí la naturaleza humana, se familiarizó con nuestras necesidades al soportar las tentaciones más duras que el hombre alguna vez tuvo que soportar. Conquistó al enemigo al resistir sus sugerencias a fin de que el hombre pueda aprender cómo ser un conquistador. Estuvo revestido con un cuerpo como el nuestro y en todo aspecto sufrió lo que el hombre puede llegar a sufrir, y mucho más. Nunca seremos llamados a sufrir como Cristo sufrió porque los pecados, no de uno sino de todo el mundo, fueron puestos sobre Jesús. El soportó humillación, vituperio, sufrimientos y muerte, para que al seguir su ejemplo pudiéramos ser salvos y heredar la vida eterna.
Cristo es nuestro modelo, el perfecto y santo ejemplo que nos ha sido dado para emularlo. Nunca podremos igualarlo, pero podemos imitarlo y asemejarnos a él de acuerdo al conocimiento y la relación que con él tengamos, y a la gracia que él nos haya concedido. Cuando caemos totalmente impotentes, sufriendo las consecuencias de nuestra concepción de pecaminosidad; cuando nos humillamos ante Dios afligiendo nuestro ser con verdadero arrepentimiento y contrición; cuando le ofrecemos nuestras fervientes oraciones en el nombre de Cristo, seremos bien recibidos por el Padre al entregarle completa y sinceramente nuestra vida. En lo más íntimo de nuestro ser deberíamos darnos cuenta de que todos nuestros esfuerzos son totalmente inútiles por ellos mismos, pues sólo en el nombre y por la fuerza del Conquistador que podremos ser vencedores.
Dios te bendiga..!!!
Consideremos la vida y el sufrimiento de nuestro precioso Salvador en nuestro favor, y recordemos, que si no estamos dispuestos a soportar pruebas, fatigas, conflictos, y a participar con Cristo en sus sufrimientos, seremos considerados indignos de ocupar un lugar junto a su trono.
Como en el conflicto con nuestro poderoso enemigo tenemos todo para ganar, no podemos atrevernos a ceder a sus tentaciones ni por un momento. Sabemos que con nuestras propias; fuerzas no es posible tener éxito. Pero Cristo, al humillarse y tomar sobre sí la naturaleza humana, se familiarizó con nuestras necesidades al soportar las tentaciones más duras que el hombre alguna vez tuvo que soportar. Conquistó al enemigo al resistir sus sugerencias a fin de que el hombre pueda aprender cómo ser un conquistador. Estuvo revestido con un cuerpo como el nuestro y en todo aspecto sufrió lo que el hombre puede llegar a sufrir, y mucho más. Nunca seremos llamados a sufrir como Cristo sufrió porque los pecados, no de uno sino de todo el mundo, fueron puestos sobre Jesús. El soportó humillación, vituperio, sufrimientos y muerte, para que al seguir su ejemplo pudiéramos ser salvos y heredar la vida eterna.
Cristo es nuestro modelo, el perfecto y santo ejemplo que nos ha sido dado para emularlo. Nunca podremos igualarlo, pero podemos imitarlo y asemejarnos a él de acuerdo al conocimiento y la relación que con él tengamos, y a la gracia que él nos haya concedido. Cuando caemos totalmente impotentes, sufriendo las consecuencias de nuestra concepción de pecaminosidad; cuando nos humillamos ante Dios afligiendo nuestro ser con verdadero arrepentimiento y contrición; cuando le ofrecemos nuestras fervientes oraciones en el nombre de Cristo, seremos bien recibidos por el Padre al entregarle completa y sinceramente nuestra vida. En lo más íntimo de nuestro ser deberíamos darnos cuenta de que todos nuestros esfuerzos son totalmente inútiles por ellos mismos, pues sólo en el nombre y por la fuerza del Conquistador que podremos ser vencedores.
Dios te bendiga..!!!
lunes, 26 de diciembre de 2011
Tentaciones
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.
Si hay algo que perturba incesantemente al cristiano, son sus derrotas ante la tentación. "No logro resistir"; "Soy demasiado carnal"; "¿Qué hago con mi vida?"; "Soy demasiado débil".
Estas y otras afirmaciones son expresiones de frustración de cristianos sinceros. Creo que nadie, por voluntad propia, quisiera ser un fracasado. Todos se esfuerzan, luchan, tratan de controlar sus tendencias; pero parece que nada da resultado. ¿Existe solución?
El problema es que, al llegar la tentación, concentras tus esfuerzos para no caer, en lugar de concentrarlos en no separarte de Jesús. Al hacer esto caes, no porque la tentación haya sido demasiado fuerte, sino porque te se¬paraste de Jesús. Y él ya lo advirtió: "Sin mí nada podéis hacer". Nada. ¿En¬tiendes? Mucho menos, resistir la tentación.
Entonces, ¿cómo enfrentar la tentación? Si tu vida es de una constante comunión con Jesús, todo lo que necesitas hacer, al llegar la tentación, es decir a Jesús lo que estás sintiendo o pensando. Te puede parecer extraño, al comienzo. Hay cosas que no tendrás el valor de contar a Jesús. ¿Cómo decirle, por ejemplo, que estás planeando salir con una persona que no es tu cónyuge o que estás pensando ir a un lugar que no es compatible con la vida cristiana? "No, no; esto no funciona", puedes pensar. Pero ahí está la clave del problema.
Ya que no tienes el valor de contarle a Jesús lo que estás sintiendo, come¬tes el error de cortar la relación con Jesús.
La próxima vez que la tentación aparezca, cuenta a Jesús lo que estás sintiendo, aunque te parezca irreverente y atrevido. No te separes de Jesús.
Si llevas este consejo a la práctica, percibirás que, mientras vas dialo¬gando con Jesús, el deseo pecaminoso empieza a desaparecer, de manera natural: ¡Venciste! No porque te hayas esforzado por no caer, sino porque lu¬chaste para no separarte de Jesús. Continúas siendo justo no porque evitaste cometer un acto pecaminoso, sino porque no te separaste de la Fuente de la justicia, que es Jesús. A su lado, no hubo lugar para el pecado. Satanás y sus huestes fueron derrotados: Cristo venció en ti; por ti; y para ti. "Bienaven¬turado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman".
Dios te bendiga…!!!
Si hay algo que perturba incesantemente al cristiano, son sus derrotas ante la tentación. "No logro resistir"; "Soy demasiado carnal"; "¿Qué hago con mi vida?"; "Soy demasiado débil".
Estas y otras afirmaciones son expresiones de frustración de cristianos sinceros. Creo que nadie, por voluntad propia, quisiera ser un fracasado. Todos se esfuerzan, luchan, tratan de controlar sus tendencias; pero parece que nada da resultado. ¿Existe solución?
El problema es que, al llegar la tentación, concentras tus esfuerzos para no caer, en lugar de concentrarlos en no separarte de Jesús. Al hacer esto caes, no porque la tentación haya sido demasiado fuerte, sino porque te se¬paraste de Jesús. Y él ya lo advirtió: "Sin mí nada podéis hacer". Nada. ¿En¬tiendes? Mucho menos, resistir la tentación.
Entonces, ¿cómo enfrentar la tentación? Si tu vida es de una constante comunión con Jesús, todo lo que necesitas hacer, al llegar la tentación, es decir a Jesús lo que estás sintiendo o pensando. Te puede parecer extraño, al comienzo. Hay cosas que no tendrás el valor de contar a Jesús. ¿Cómo decirle, por ejemplo, que estás planeando salir con una persona que no es tu cónyuge o que estás pensando ir a un lugar que no es compatible con la vida cristiana? "No, no; esto no funciona", puedes pensar. Pero ahí está la clave del problema.
Ya que no tienes el valor de contarle a Jesús lo que estás sintiendo, come¬tes el error de cortar la relación con Jesús.
La próxima vez que la tentación aparezca, cuenta a Jesús lo que estás sintiendo, aunque te parezca irreverente y atrevido. No te separes de Jesús.
Si llevas este consejo a la práctica, percibirás que, mientras vas dialo¬gando con Jesús, el deseo pecaminoso empieza a desaparecer, de manera natural: ¡Venciste! No porque te hayas esforzado por no caer, sino porque lu¬chaste para no separarte de Jesús. Continúas siendo justo no porque evitaste cometer un acto pecaminoso, sino porque no te separaste de la Fuente de la justicia, que es Jesús. A su lado, no hubo lugar para el pecado. Satanás y sus huestes fueron derrotados: Cristo venció en ti; por ti; y para ti. "Bienaven¬turado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman".
Dios te bendiga…!!!
lunes, 19 de diciembre de 2011
No verán la tierra de la cual juré a sus padres. Números 14:23.
La vida está hecha de decisiones. Para bien o para mal. No existe destino,
en el sentido determinista: existe el resultado de las decisiones. El pueblo de Israel es un ejemplo de eso. Dios le había prometido la tierra de Canaán; lo había sacado de Egipto con mano fuerte; había cuidado de él a lo largo del desierto, y en menos de dos años los había hecho llegar a la frontera de Canaán.
Este era el momento de la decisión. ¿Creer o no creer? ¿Avanzar o quedar¬se? El pueblo decidió quedarse. No creyó en las promesas divinas; pensó que moriría en la frontera. Y así fue. No porque Dios lo castigó; tampoco porque su "destino" era morir allí. Así fue, simplemente porque así lo decidió. La vida es el resultado de lo que decides y cómo decides. La muerte, también.
Al leer el versículo de hoy, la primera impresión es que Dios está conde¬nando al pueblo: "No verán". Generalmente, esa es la visión que tenemos de la vida: que lo que nos sucede depende de otros o, acaso, de las circunstan¬cias que nos rodean. Y no podríamos ser simplistas al punto de pensar que no existen factores adversos o personas de mala voluntad: esa es una realidad de este mundo de pecado. Pero, la otra realidad es que la situación en que te encuentras no es el resultado de factores ajenos, sino consecuencias de tus decisiones. El pueblo de Israel decidió quedarse cuando debería haber deci¬dido avanzar; la disculpa fue el poder bélico del enemigo. En fin, disculpas nunca faltan. Pero, si quieres dar una media vuelta en tu vida, es necesario revisar tus decisiones y reconocer dónde fallaste.
En cierta ocasión, una niña, de apenas 16 años, vino a pedirme un con¬sejo: quería saber qué debería hacer, porque el novio la había agredido físi¬camente en la calle. ¿Qué debería hacer? Aquel era un momento para tomar decisiones: ¿Qué se puede esperar, en el futuro, de un joven que, en la época de noviazgo, agrede físicamente a una chica? Ella decidió; pero, decidió en forma errada.
Algunos años después, me encontré con ella. Destruida por la vida y por el maltrato de un hombre que, después de haberla agredido durante diez años, la abandonó con tres hijos pequeños.
Decisiones. Hoy es un día de decisiones para ti todos los días lo son. Pero, pide a Dios que hoy te ayude a tomar decisiones sabias. No sea que, un día, como resultado de tu decisión, oigas la voz de la propia vida diciéndote: "No verán la tierra de la cual juré a sus padres".
Dios te bendiga..!!!
La vida está hecha de decisiones. Para bien o para mal. No existe destino,
en el sentido determinista: existe el resultado de las decisiones. El pueblo de Israel es un ejemplo de eso. Dios le había prometido la tierra de Canaán; lo había sacado de Egipto con mano fuerte; había cuidado de él a lo largo del desierto, y en menos de dos años los había hecho llegar a la frontera de Canaán.
Este era el momento de la decisión. ¿Creer o no creer? ¿Avanzar o quedar¬se? El pueblo decidió quedarse. No creyó en las promesas divinas; pensó que moriría en la frontera. Y así fue. No porque Dios lo castigó; tampoco porque su "destino" era morir allí. Así fue, simplemente porque así lo decidió. La vida es el resultado de lo que decides y cómo decides. La muerte, también.
Al leer el versículo de hoy, la primera impresión es que Dios está conde¬nando al pueblo: "No verán". Generalmente, esa es la visión que tenemos de la vida: que lo que nos sucede depende de otros o, acaso, de las circunstan¬cias que nos rodean. Y no podríamos ser simplistas al punto de pensar que no existen factores adversos o personas de mala voluntad: esa es una realidad de este mundo de pecado. Pero, la otra realidad es que la situación en que te encuentras no es el resultado de factores ajenos, sino consecuencias de tus decisiones. El pueblo de Israel decidió quedarse cuando debería haber deci¬dido avanzar; la disculpa fue el poder bélico del enemigo. En fin, disculpas nunca faltan. Pero, si quieres dar una media vuelta en tu vida, es necesario revisar tus decisiones y reconocer dónde fallaste.
En cierta ocasión, una niña, de apenas 16 años, vino a pedirme un con¬sejo: quería saber qué debería hacer, porque el novio la había agredido físi¬camente en la calle. ¿Qué debería hacer? Aquel era un momento para tomar decisiones: ¿Qué se puede esperar, en el futuro, de un joven que, en la época de noviazgo, agrede físicamente a una chica? Ella decidió; pero, decidió en forma errada.
Algunos años después, me encontré con ella. Destruida por la vida y por el maltrato de un hombre que, después de haberla agredido durante diez años, la abandonó con tres hijos pequeños.
Decisiones. Hoy es un día de decisiones para ti todos los días lo son. Pero, pide a Dios que hoy te ayude a tomar decisiones sabias. No sea que, un día, como resultado de tu decisión, oigas la voz de la propia vida diciéndote: "No verán la tierra de la cual juré a sus padres".
Dios te bendiga..!!!
viernes, 16 de diciembre de 2011
Mi gozo
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Juan 15:11.
El tránsito es intenso en el puente más agitado de Minneapolis. Es una tarde triste a pesar del verano: ayer, el huracán Dolly golpeó con fuerza el sur de Texas; a Antonio le hubiera gustado estar allí, para que el huracán acabara con él. Como no fue posible, está aquí, encima de la carretera 35, con la idea absurda de quitarse la vida.
Cualquiera que viese a este joven desesperado, jamás imaginaría que hace solo 42 días él desfilaba por el corredor de una iglesia, para recibir a su novia. ¡Cómo son las cosas! No se completaron dos meses, y Antonio cree que no vale la pena seguir viviendo.
Durante la luna de miel, pensó que era el hombre más feliz. Su esposa era un regalo divino. Cuando sonreía, se le formaban dos hoyuelos en el rostro; parecían dos entradas hacia un mundo de felicidad. Pero, la dicha y el gozo les duraron poco. Verdades dichas a medias habían levantado, entre ellos, una pared de dolor e incomprensión.
¿Qué hacer ahora? Antonio nunca tomó el cristianismo en serio. Aceptó casarse en una iglesia, porque su novia insistió; para él, no hacía mucha diferencia. En su opinión, la felicidad de una pareja no debe dejarse en las manos de Dios: es el resultado de la disciplina y del esfuerzo humano. Pero, él no contaba con las circunstancias absurdas que trae la vida. Toda su disci¬plina era incapaz de trastocar la determinación de la esposa: estaba decidida a divorciarse.
"Es injusto", pensaba él. "Dos vidas jóvenes no pueden ser destruidas solo porque se omitió la verdad". Pero, la vida es así. La verdad puede ser dolorosa, pero es limpia por ser verdad; la mentira disfraza la herida, pero cuando quitas la venda, te sorprendes con una gangrena incurable.
Antonio no sabe lo que el Señor Jesús dijo un día. El gozo, el verdadero gozo, la auténtica felicidad, la dicha plena, no es fruto del esfuerzo humano: es un regalo divino.
"Que mi gozo esté en vosotros", dijo Jesús. Solo cuando el gozo de Jesús esté en tu corazón, "tu gozo" será cumplido. La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida: todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Es lamentable que, para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Minneapolis.
Parte hoy, para los desafíos de la vida, recordando que Jesús desea que "su gozo esté en ti, para que tu gozo sea cumplido".
Dios te bendiga…!!!
El tránsito es intenso en el puente más agitado de Minneapolis. Es una tarde triste a pesar del verano: ayer, el huracán Dolly golpeó con fuerza el sur de Texas; a Antonio le hubiera gustado estar allí, para que el huracán acabara con él. Como no fue posible, está aquí, encima de la carretera 35, con la idea absurda de quitarse la vida.
Cualquiera que viese a este joven desesperado, jamás imaginaría que hace solo 42 días él desfilaba por el corredor de una iglesia, para recibir a su novia. ¡Cómo son las cosas! No se completaron dos meses, y Antonio cree que no vale la pena seguir viviendo.
Durante la luna de miel, pensó que era el hombre más feliz. Su esposa era un regalo divino. Cuando sonreía, se le formaban dos hoyuelos en el rostro; parecían dos entradas hacia un mundo de felicidad. Pero, la dicha y el gozo les duraron poco. Verdades dichas a medias habían levantado, entre ellos, una pared de dolor e incomprensión.
¿Qué hacer ahora? Antonio nunca tomó el cristianismo en serio. Aceptó casarse en una iglesia, porque su novia insistió; para él, no hacía mucha diferencia. En su opinión, la felicidad de una pareja no debe dejarse en las manos de Dios: es el resultado de la disciplina y del esfuerzo humano. Pero, él no contaba con las circunstancias absurdas que trae la vida. Toda su disci¬plina era incapaz de trastocar la determinación de la esposa: estaba decidida a divorciarse.
"Es injusto", pensaba él. "Dos vidas jóvenes no pueden ser destruidas solo porque se omitió la verdad". Pero, la vida es así. La verdad puede ser dolorosa, pero es limpia por ser verdad; la mentira disfraza la herida, pero cuando quitas la venda, te sorprendes con una gangrena incurable.
Antonio no sabe lo que el Señor Jesús dijo un día. El gozo, el verdadero gozo, la auténtica felicidad, la dicha plena, no es fruto del esfuerzo humano: es un regalo divino.
"Que mi gozo esté en vosotros", dijo Jesús. Solo cuando el gozo de Jesús esté en tu corazón, "tu gozo" será cumplido. La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida: todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Es lamentable que, para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Minneapolis.
Parte hoy, para los desafíos de la vida, recordando que Jesús desea que "su gozo esté en ti, para que tu gozo sea cumplido".
Dios te bendiga…!!!
jueves, 15 de diciembre de 2011
Miedo
No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Números 13:31.
El miedo paraliza; acaba con los sueños, con los planes y con las ganas de vivir. El miedo es larva insidiosa, que come por dentro sin que tengas conciencia de tu drama. Cuando despiertas a tu triste realidad, ya es dema¬siado tarde. Dicen que, de cada siete personas, una vive presa de algún mie¬do; es un dato alarmante. Las personas se encierran en sus temores y crean monstruos asustadores que solo ellas ven.
Existen muchos tipos de miedos: miedo de la gente, miedo de perder el empleo, miedo de salir a la calle, de trabajar, de tomar el ómnibus, y hasta de ir a la iglesia, etc. De todos esos miedos, creo que el más terrible es el miedo a ser feliz.
El versículo de hoy habla de ese miedo, y muestra que la causa del miedo, en las personas, es la falta de fe en Dios y en sus promesas: cuando dejo de creer en Dios, todo a mí alrededor se vuelve amenazador; y si Dios no habita en mi corazón, con toda seguridad el miedo se apoderará de mi corazón.
Israel había llegado a la frontera de la Tierra Prometida. Un paso más, y se apoderaría de la herencia ofrecida a sus padres. Las promesas de Dios eran seguras: nadie sería capaz de resistir en pie delante de ellos. Pero, en la hora primordial, permitieron que el miedo se apoderase del corazón, y no quisieron avanzar.
"No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que no¬sotros". ¡Mentira! La razón de su temor no era la fortaleza del enemigo, sino la falta de confianza en las promesas de Dios.
Todos encontramos enemigos en el camino; es la lucha diaria: obstácu¬los, dificultades, preconceptos, desafíos aparentemente difíciles de ser ven¬cidos. Si piensas que fracasaste, no intentes más luchar: ya estás fracasado. Pero, a la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te en¬tregará la tierra.
¿Cuáles son tus adversarios hoy? ¿Qué es lo que tanto te asusta? Piensa en Dios: jamás un hijo de Dios, escondido en las manos del Todopodero¬so, perdió una batalla. Este puede ser el grande día de victoria que esperas. Solo que no repitas el error de Israel, que pensó: "No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros".
Dios te bendiga…!!!
El miedo paraliza; acaba con los sueños, con los planes y con las ganas de vivir. El miedo es larva insidiosa, que come por dentro sin que tengas conciencia de tu drama. Cuando despiertas a tu triste realidad, ya es dema¬siado tarde. Dicen que, de cada siete personas, una vive presa de algún mie¬do; es un dato alarmante. Las personas se encierran en sus temores y crean monstruos asustadores que solo ellas ven.
Existen muchos tipos de miedos: miedo de la gente, miedo de perder el empleo, miedo de salir a la calle, de trabajar, de tomar el ómnibus, y hasta de ir a la iglesia, etc. De todos esos miedos, creo que el más terrible es el miedo a ser feliz.
El versículo de hoy habla de ese miedo, y muestra que la causa del miedo, en las personas, es la falta de fe en Dios y en sus promesas: cuando dejo de creer en Dios, todo a mí alrededor se vuelve amenazador; y si Dios no habita en mi corazón, con toda seguridad el miedo se apoderará de mi corazón.
Israel había llegado a la frontera de la Tierra Prometida. Un paso más, y se apoderaría de la herencia ofrecida a sus padres. Las promesas de Dios eran seguras: nadie sería capaz de resistir en pie delante de ellos. Pero, en la hora primordial, permitieron que el miedo se apoderase del corazón, y no quisieron avanzar.
"No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que no¬sotros". ¡Mentira! La razón de su temor no era la fortaleza del enemigo, sino la falta de confianza en las promesas de Dios.
Todos encontramos enemigos en el camino; es la lucha diaria: obstácu¬los, dificultades, preconceptos, desafíos aparentemente difíciles de ser ven¬cidos. Si piensas que fracasaste, no intentes más luchar: ya estás fracasado. Pero, a la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te en¬tregará la tierra.
¿Cuáles son tus adversarios hoy? ¿Qué es lo que tanto te asusta? Piensa en Dios: jamás un hijo de Dios, escondido en las manos del Todopodero¬so, perdió una batalla. Este puede ser el grande día de victoria que esperas. Solo que no repitas el error de Israel, que pensó: "No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros".
Dios te bendiga…!!!
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Envidia
Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Números 12:2.
Sucedió en el desierto. De repente, sin motivo, los hermanos de Moisés se sintieron postergados, olvidados, relegados a un segundo plano, y dieron lugar a la envidia en su corazón. La envidia es terrible: es propio de la natura¬leza humana, y todos, de una u otra forma, la llevamos dentro. Algunos, in¬cluso, por doloroso que suene, corremos el riesgo de llevarla bastante afuera.
Allá, en el desierto, el Señor reprobó la actitud de Aarón y de María. Ella quedó leprosa y, si no fuese por la intercesión de Moisés, tal vez habría muerto. ¿Cuál fue la disculpa de ellos, para anidar a la envidia en su corazón? La importancia que el pueblo le daba a Moisés: ¿Por qué solo a él? ¿Por qué no también a nosotros?
Ellos tenían su lugar: María era la directora del coro de Israel, además de coordinar las actividades de las damas; Aarón era el sumo sacerdote. ¿No podrían haber desarrollado sus respectivos trabajos sin fijarse en el trabajo del hermano? Podrían haberlo hecho, sin duda, pero el problema de la envida es justamente ese: el envidioso vive enojado con todos, por sentirse inferior; y las otras personas ni siquiera advierten su presencia. Él deambula entre la gente, fijándose en lo que los otros tienen y él no tiene, en lo que ellos hacen y él no puede hacer. La vida pasa, y no se da cuenta de que ese sentimiento es, precisamente, el que lo hace cada vez más pequeño e insignificante.
Dios te confió algún don; trabaja con él para gloria del Señor. No mires los dones que Dios confió a los demás; en este mundo, hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Tienes un nuevo día delante de ti. Sé feliz, haciendo el trabajo que sabes y puedes hacer; a fin de cuentas, este mundo es como un inmenso cuerpo, en el cual cada miembro es importante y en el que existe una misión para cada uno.
No pierdas el tiempo, queriendo hacer el trabajo de otro solo porque te parece bonito, encantador o más interesante. Si crees que nadie nota tu trabajo, sigue adelante. No esperes que tu satisfacción nazca del reconoci¬miento ajeno, sino del deber cumplido. Y recuerda que, un día, Aarón y Mi¬riam dijeron: "¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?"
Dios te bendiga…!!!
Sucedió en el desierto. De repente, sin motivo, los hermanos de Moisés se sintieron postergados, olvidados, relegados a un segundo plano, y dieron lugar a la envidia en su corazón. La envidia es terrible: es propio de la natura¬leza humana, y todos, de una u otra forma, la llevamos dentro. Algunos, in¬cluso, por doloroso que suene, corremos el riesgo de llevarla bastante afuera.
Allá, en el desierto, el Señor reprobó la actitud de Aarón y de María. Ella quedó leprosa y, si no fuese por la intercesión de Moisés, tal vez habría muerto. ¿Cuál fue la disculpa de ellos, para anidar a la envidia en su corazón? La importancia que el pueblo le daba a Moisés: ¿Por qué solo a él? ¿Por qué no también a nosotros?
Ellos tenían su lugar: María era la directora del coro de Israel, además de coordinar las actividades de las damas; Aarón era el sumo sacerdote. ¿No podrían haber desarrollado sus respectivos trabajos sin fijarse en el trabajo del hermano? Podrían haberlo hecho, sin duda, pero el problema de la envida es justamente ese: el envidioso vive enojado con todos, por sentirse inferior; y las otras personas ni siquiera advierten su presencia. Él deambula entre la gente, fijándose en lo que los otros tienen y él no tiene, en lo que ellos hacen y él no puede hacer. La vida pasa, y no se da cuenta de que ese sentimiento es, precisamente, el que lo hace cada vez más pequeño e insignificante.
Dios te confió algún don; trabaja con él para gloria del Señor. No mires los dones que Dios confió a los demás; en este mundo, hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Tienes un nuevo día delante de ti. Sé feliz, haciendo el trabajo que sabes y puedes hacer; a fin de cuentas, este mundo es como un inmenso cuerpo, en el cual cada miembro es importante y en el que existe una misión para cada uno.
No pierdas el tiempo, queriendo hacer el trabajo de otro solo porque te parece bonito, encantador o más interesante. Si crees que nadie nota tu trabajo, sigue adelante. No esperes que tu satisfacción nazca del reconoci¬miento ajeno, sino del deber cumplido. Y recuerda que, un día, Aarón y Mi¬riam dijeron: "¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?"
Dios te bendiga…!!!
viernes, 2 de diciembre de 2011
Conocer a Jesús
El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.
1 Juan 2:4,5.
Alicia parecía un festival de colores y de vida; un arco iris deslumbrante.
¡Siempre era así! Para ella, todo era colorido. La seda rosada dibujaba la exuberancia de su amor; el blanco lino la hacía melancólica cuando lloraba; y el terciopelo rojo combinaba con la insensatez de su alocado corazón.
Decía que amaba a Jesús; que el Cristo del evangelio era el gran amor de su vida; que, por él, sería capaz de hacer cualquier cosa. Pero, jugaba con la vida y manipulaba los principios.
Argumentaba que un Dios de amor no era coherente con las reglas; que los Mandamientos eran cosa del pasado: los limitaba a una montaña llena de humo, fuego y sonido de trompetas. Ella prefería el Calvario, el monte del amor, donde Jesús pagó por sus pecados.
¿Para qué preocuparse en obedecer? La "gracia de Cristo" era, para ella, un manantial de agua fresca, que le permitía vivir como se le antojase. Y así vivió.
Hasta el día en que descubrió sus sueños despedazados. Entonces, la seda rosa ya no tenía atractivo, ni el lino blanco; tampoco el terciopelo rojo. No había más alegría en su vida.
El apóstol Juan ya lo había advertido, siglos atrás: "El que dice yo le co¬nozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso". La mentira condice con la oscuridad. Por eso, aquella tarde, que podría haber sido alegre, se volvía triste, a pesar del sol inmenso que ardía, como bola de fuego, hun¬diéndose en el mar.
Nunca es tarde para revisar lo que llamas "cristianismo". Quien dice co¬nocer a Jesús, no toma al Maestro de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce hacia la tierra de la libertad: liberación del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
Mira a lo lejos hoy, y pide a Jesús que te ayude a andar con él. Porque "el que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdadera¬mente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él".
Dios te bendiga…!!!
1 Juan 2:4,5.
Alicia parecía un festival de colores y de vida; un arco iris deslumbrante.
¡Siempre era así! Para ella, todo era colorido. La seda rosada dibujaba la exuberancia de su amor; el blanco lino la hacía melancólica cuando lloraba; y el terciopelo rojo combinaba con la insensatez de su alocado corazón.
Decía que amaba a Jesús; que el Cristo del evangelio era el gran amor de su vida; que, por él, sería capaz de hacer cualquier cosa. Pero, jugaba con la vida y manipulaba los principios.
Argumentaba que un Dios de amor no era coherente con las reglas; que los Mandamientos eran cosa del pasado: los limitaba a una montaña llena de humo, fuego y sonido de trompetas. Ella prefería el Calvario, el monte del amor, donde Jesús pagó por sus pecados.
¿Para qué preocuparse en obedecer? La "gracia de Cristo" era, para ella, un manantial de agua fresca, que le permitía vivir como se le antojase. Y así vivió.
Hasta el día en que descubrió sus sueños despedazados. Entonces, la seda rosa ya no tenía atractivo, ni el lino blanco; tampoco el terciopelo rojo. No había más alegría en su vida.
El apóstol Juan ya lo había advertido, siglos atrás: "El que dice yo le co¬nozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso". La mentira condice con la oscuridad. Por eso, aquella tarde, que podría haber sido alegre, se volvía triste, a pesar del sol inmenso que ardía, como bola de fuego, hun¬diéndose en el mar.
Nunca es tarde para revisar lo que llamas "cristianismo". Quien dice co¬nocer a Jesús, no toma al Maestro de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce hacia la tierra de la libertad: liberación del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
Mira a lo lejos hoy, y pide a Jesús que te ayude a andar con él. Porque "el que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdadera¬mente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él".
Dios te bendiga…!!!
jueves, 1 de diciembre de 2011
Por encima
[...] Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas [...]
Éxodo 12:27.
¡Noche oscura en Egipto! El ángel destructor visitaba las casas; los primogénitos morirían, por causa de la rebeldía de Faraón. En este mundo, nadie vive para sí. La influencia y la responsabilidad que ejercemos tienen consecuencias; mucho más, en el caso de los líderes. Y Faraón era el líder de aquella nación.
Pero, el ángel había recibido la orden de no tocar a los primogénitos de las casas cuyo dintel estuviese manchado con sangre. Era la sangre del cordero pascual, símbolo de la sangre de Cristo que limpia el pecado de la humanidad.
Aquella noche era una noche de fe. ¿Quién podría garantizar que una simple mancha de sangre podría librar a los hijos de Israel, de la muerte? El pueblo solo tenía que creer. Creer significaba vivir. El ángel destructor pasaría por encima de las casas donde se había ejercido la fe.
El tiempo ha pasado, pero las cosas no han cambiado. La salvación con¬tinúa siendo un acto de fe. Multitudes piden pruebas. "¿Qué puede hacer Jesús en mi caso?", se preguntan. "Hay otras soluciones a mi alcance, más prácticas, viables y razonables".
Seguramente, sí. Aquella noche en Egipto también las había. Trancar la puerta, por ejemplo. Forrar los techos y las paredes de metal, irse al lugar más oculto, no sé; los seres humanos somos especialistas en buscar solucio¬nes "prácticas". Pero cuando el ángel pasase, solo perdonaría las casas cuyo dintel estuviese manchado de sangre.
Esta es una figura del día final de la historia de este mundo. Cuando Jesús vuelva a la tierra para llevar a sus hijos y la destrucción final se aproxime a los hombres, solo serán salvos aquellos cuyo corazón esté manchado con la sangre del Cordero.
Hoy es el día de pensar el tipo de soluciones que estoy buscando. ¿Soy capaz de creer en el evangelio, en su simplicidad y en su pureza? ¿O estoy buscando soluciones sofisticadas que "convenzan" mi raciocinio acostum¬brado al mundo de las luces?
No comiences tus actividades hoy, sin tener la seguridad que la sangre del Cordero ya manchó tu vida, porque solo Jesús "es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas".
Dios te bendiga...!!!
Éxodo 12:27.
¡Noche oscura en Egipto! El ángel destructor visitaba las casas; los primogénitos morirían, por causa de la rebeldía de Faraón. En este mundo, nadie vive para sí. La influencia y la responsabilidad que ejercemos tienen consecuencias; mucho más, en el caso de los líderes. Y Faraón era el líder de aquella nación.
Pero, el ángel había recibido la orden de no tocar a los primogénitos de las casas cuyo dintel estuviese manchado con sangre. Era la sangre del cordero pascual, símbolo de la sangre de Cristo que limpia el pecado de la humanidad.
Aquella noche era una noche de fe. ¿Quién podría garantizar que una simple mancha de sangre podría librar a los hijos de Israel, de la muerte? El pueblo solo tenía que creer. Creer significaba vivir. El ángel destructor pasaría por encima de las casas donde se había ejercido la fe.
El tiempo ha pasado, pero las cosas no han cambiado. La salvación con¬tinúa siendo un acto de fe. Multitudes piden pruebas. "¿Qué puede hacer Jesús en mi caso?", se preguntan. "Hay otras soluciones a mi alcance, más prácticas, viables y razonables".
Seguramente, sí. Aquella noche en Egipto también las había. Trancar la puerta, por ejemplo. Forrar los techos y las paredes de metal, irse al lugar más oculto, no sé; los seres humanos somos especialistas en buscar solucio¬nes "prácticas". Pero cuando el ángel pasase, solo perdonaría las casas cuyo dintel estuviese manchado de sangre.
Esta es una figura del día final de la historia de este mundo. Cuando Jesús vuelva a la tierra para llevar a sus hijos y la destrucción final se aproxime a los hombres, solo serán salvos aquellos cuyo corazón esté manchado con la sangre del Cordero.
Hoy es el día de pensar el tipo de soluciones que estoy buscando. ¿Soy capaz de creer en el evangelio, en su simplicidad y en su pureza? ¿O estoy buscando soluciones sofisticadas que "convenzan" mi raciocinio acostum¬brado al mundo de las luces?
No comiences tus actividades hoy, sin tener la seguridad que la sangre del Cordero ya manchó tu vida, porque solo Jesús "es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas".
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
Imposible
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Hebreos 11:6.
El capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos es la galería de los hombres y las mujeres de fe. Hijos maravillosos, que hicieron feliz al Padre amado. Para entender lo que el autor quiso decir, es necesario saber lo que significa la fe. Existen muchas definiciones; la más simple de todas es confianza. Una sola palabra, pero define con exactitud lo que significa la fe: tener fe es confiar. Cuando dices que tienes fe, estás manifestando que confías; cuando afirmas que un día tuviste fe, pero que ahora ya no la tienes, estás queriendo expresar que un día habías confiado, pero que hoy no confías más.
Pero, tú no puedes confiar en alguien a quien no conoces; y no puedes conocer a alguien con quien no convives.
Por lo tanto, la fe en Dios demanda que lo conozcas; y, para conocerlo, necesitas convivir con Dios. Esto explica el versículo de hoy. El primer pensamiento es que sin fe es imposible agradar a Dios. En el griego, la palabra "imposible" es adunatos, que significa, literalmente, "que no se puede, desde ningún punto de vista". Con el fin de entender el verdadero significado de esta palabra, tendrías que colocar la cabeza dentro de una vasija llena de agua, y mantenerla ahí por dos horas. Bueno, eso es adunatos: un imposible.
Quiere decir que, así, la vida no es vida sin fe. Peor que eso: una vida sin fe entristece a Dios; no le agrada. En griego, eucaresteo significa que no lo deja feliz ¿Por qué? Porque la fe es confianza; y, cuando el hijo, a quien tanto ama, no confía en él, Dios no puede estar contento con esa actitud.
Tú no fabricas la fe: las evidencias del amor y del poder de Dios son las que generan confianza en tu corazón. Pero, cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que, si la or¬den provino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Por eso, hoy, camina de la mano de tu Padre amado; confía en él, aunque no veas nada. Él te ama, y jamás te llevará a un lugar que te va a destruir. Y, no olvides que "sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan".
Dios te bendiga..!!!
Hebreos 11:6.
El capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos es la galería de los hombres y las mujeres de fe. Hijos maravillosos, que hicieron feliz al Padre amado. Para entender lo que el autor quiso decir, es necesario saber lo que significa la fe. Existen muchas definiciones; la más simple de todas es confianza. Una sola palabra, pero define con exactitud lo que significa la fe: tener fe es confiar. Cuando dices que tienes fe, estás manifestando que confías; cuando afirmas que un día tuviste fe, pero que ahora ya no la tienes, estás queriendo expresar que un día habías confiado, pero que hoy no confías más.
Pero, tú no puedes confiar en alguien a quien no conoces; y no puedes conocer a alguien con quien no convives.
Por lo tanto, la fe en Dios demanda que lo conozcas; y, para conocerlo, necesitas convivir con Dios. Esto explica el versículo de hoy. El primer pensamiento es que sin fe es imposible agradar a Dios. En el griego, la palabra "imposible" es adunatos, que significa, literalmente, "que no se puede, desde ningún punto de vista". Con el fin de entender el verdadero significado de esta palabra, tendrías que colocar la cabeza dentro de una vasija llena de agua, y mantenerla ahí por dos horas. Bueno, eso es adunatos: un imposible.
Quiere decir que, así, la vida no es vida sin fe. Peor que eso: una vida sin fe entristece a Dios; no le agrada. En griego, eucaresteo significa que no lo deja feliz ¿Por qué? Porque la fe es confianza; y, cuando el hijo, a quien tanto ama, no confía en él, Dios no puede estar contento con esa actitud.
Tú no fabricas la fe: las evidencias del amor y del poder de Dios son las que generan confianza en tu corazón. Pero, cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que, si la or¬den provino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Por eso, hoy, camina de la mano de tu Padre amado; confía en él, aunque no veas nada. Él te ama, y jamás te llevará a un lugar que te va a destruir. Y, no olvides que "sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan".
Dios te bendiga..!!!
lunes, 28 de noviembre de 2011
Por la Palabra de Dios
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Romanos 10:17.
¿Cuál es la función de la Biblia, en el desarrollo de la fe? Muchas personas relacionan la fe solamente con el sentimiento y las emociones. Sin duda, las emociones forman parte de la experiencia humana. Pero, la Biblia afirma que el fundamento de nuestra fe es Jesús. Si esto es verdad, conocer a Jesús se vuelve indispensable en la vida del cristiano; y la única manera de conocerlo es conviviendo con él.
Surge, entonces, otra pregunta: ¿Cómo se convive con Jesús? Aquí entran en juego tres elementos necesarios: la oración, la testificación y el estudio diario de la Biblia. El propio Señor Jesucristo dijo, en cierta oportunidad, refiriéndose a las Escrituras: "Ellas son las que dan testimonio de mí". No puede haber declaración más clara: es mediante el estudio de la Biblia que llegas a conocer a Jesús, a confiar en él y a saber que nunca te fallará.
Pero, este estudio de la Biblia no puede ser algo simplemente teórico e intelectual: no puedes ir a la Biblia solo en busca de argumentos o conoci¬miento teológico, sino en busca de compañerismo con Jesús. Lee la Biblia como si fuese una carta personal, que Jesús te escribió. Colócate en el centro de las historias que lees. Cuando lees acerca de Daniel, tú eres Daniel; imagí¬nate siendo llevado a la cueva de los leones por obedecer a Dios. Cuando lees acerca de María Magdalena, tú eres esa mujer cansada de pecar, que un día se encontró con Jesús. Cuando encuentras, en la Biblia, la historia de José, colócate en su lugar; imagínate siendo vendido por tus hermanos y siendo llevado a un país extraño, en fin...
Lee la Biblia en primera persona del singular. Cada vez que dice "ellos" o "nosotros", colócate a ti, y aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así, conocerás a Jesús y él será el fundamento de tu fe; podrás confiar en él, porque llegaste a conocerlo por medio del estudio de la Biblia.
No te atrevas a vivir sin Jesús: sin él, la vida es una simple sobrevivencia. Él es el fundamento de una vida feliz, porque es el fundamento de tu fe; y la vida del cristiano es una vida de fe. Y recuerda lo que él declaró: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios".
Dios te bendiga...!!!
Romanos 10:17.
¿Cuál es la función de la Biblia, en el desarrollo de la fe? Muchas personas relacionan la fe solamente con el sentimiento y las emociones. Sin duda, las emociones forman parte de la experiencia humana. Pero, la Biblia afirma que el fundamento de nuestra fe es Jesús. Si esto es verdad, conocer a Jesús se vuelve indispensable en la vida del cristiano; y la única manera de conocerlo es conviviendo con él.
Surge, entonces, otra pregunta: ¿Cómo se convive con Jesús? Aquí entran en juego tres elementos necesarios: la oración, la testificación y el estudio diario de la Biblia. El propio Señor Jesucristo dijo, en cierta oportunidad, refiriéndose a las Escrituras: "Ellas son las que dan testimonio de mí". No puede haber declaración más clara: es mediante el estudio de la Biblia que llegas a conocer a Jesús, a confiar en él y a saber que nunca te fallará.
Pero, este estudio de la Biblia no puede ser algo simplemente teórico e intelectual: no puedes ir a la Biblia solo en busca de argumentos o conoci¬miento teológico, sino en busca de compañerismo con Jesús. Lee la Biblia como si fuese una carta personal, que Jesús te escribió. Colócate en el centro de las historias que lees. Cuando lees acerca de Daniel, tú eres Daniel; imagí¬nate siendo llevado a la cueva de los leones por obedecer a Dios. Cuando lees acerca de María Magdalena, tú eres esa mujer cansada de pecar, que un día se encontró con Jesús. Cuando encuentras, en la Biblia, la historia de José, colócate en su lugar; imagínate siendo vendido por tus hermanos y siendo llevado a un país extraño, en fin...
Lee la Biblia en primera persona del singular. Cada vez que dice "ellos" o "nosotros", colócate a ti, y aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así, conocerás a Jesús y él será el fundamento de tu fe; podrás confiar en él, porque llegaste a conocerlo por medio del estudio de la Biblia.
No te atrevas a vivir sin Jesús: sin él, la vida es una simple sobrevivencia. Él es el fundamento de una vida feliz, porque es el fundamento de tu fe; y la vida del cristiano es una vida de fe. Y recuerda lo que él declaró: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios".
Dios te bendiga...!!!
martes, 22 de noviembre de 2011
Vida abundante
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Juan 10:10.
¿A qué se refería Jesús cuando habló de vida abundante? ¡Vida abundante! ¿Entiendes? Algunos cristianos sinceros, queriendo hacer lo mejor, viven vidas angustiadas. La única preocupación que los domina es la de no pecar.
¿Cómo sería si un hijo viviese únicamente pensando que, si hace algo incorrecto, el padre lo va a castigar? Ningún padre quisiera tener ese tipo de relación con su hijo. Sucede lo mismo con Dios: desea que vivas, con él, una experiencia maravillosa de amor, y no con miedo de ser destruido si te portas mal.
El buen comportamiento y la buena conducta son resultados del vivir una experiencia diaria de comunión y de amistad con Jesús: andando, comiendo, estudiando, trabajando, enamorando; en fin... Pero, siempre con la conciencia de que Jesús está contigo por donde quiera que vayas.
Ese tipo de vida es una vida con propósito: una vida llena de expectativas y de posibilidades futuras, alimentada por relaciones sociales saludables, disfrutando de buena salud, etc. Es la vida que tú recibes como un regalo divino.
Pero, desear la vida abundante encierra un peligro: muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad, pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que "el ladrón viene a robar" ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta como "el ladrón"? Porque viene a robar; no viene a asaltar. El asalto demanda fuerza; el enemigo viene a robar. Su principal arma es el engaño; te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida, cuando en realidad te conduce a la muerte. Te susurra que, para vivir la vida abundante, no necesitas de reglas, y te lleva al desierto incandescente de tus deseos. Allí no hay límites; tus ojos se pierden en el horizonte sin fin. Pero, tampoco hay vida: el desierto es tierra de chacales, de escorpiones y de muerte.
Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Alza los ojos hacia la cruz; deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora, porque él dijo: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia".
Dios te bendiga…!!!!
Juan 10:10.
¿A qué se refería Jesús cuando habló de vida abundante? ¡Vida abundante! ¿Entiendes? Algunos cristianos sinceros, queriendo hacer lo mejor, viven vidas angustiadas. La única preocupación que los domina es la de no pecar.
¿Cómo sería si un hijo viviese únicamente pensando que, si hace algo incorrecto, el padre lo va a castigar? Ningún padre quisiera tener ese tipo de relación con su hijo. Sucede lo mismo con Dios: desea que vivas, con él, una experiencia maravillosa de amor, y no con miedo de ser destruido si te portas mal.
El buen comportamiento y la buena conducta son resultados del vivir una experiencia diaria de comunión y de amistad con Jesús: andando, comiendo, estudiando, trabajando, enamorando; en fin... Pero, siempre con la conciencia de que Jesús está contigo por donde quiera que vayas.
Ese tipo de vida es una vida con propósito: una vida llena de expectativas y de posibilidades futuras, alimentada por relaciones sociales saludables, disfrutando de buena salud, etc. Es la vida que tú recibes como un regalo divino.
Pero, desear la vida abundante encierra un peligro: muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad, pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que "el ladrón viene a robar" ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta como "el ladrón"? Porque viene a robar; no viene a asaltar. El asalto demanda fuerza; el enemigo viene a robar. Su principal arma es el engaño; te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida, cuando en realidad te conduce a la muerte. Te susurra que, para vivir la vida abundante, no necesitas de reglas, y te lleva al desierto incandescente de tus deseos. Allí no hay límites; tus ojos se pierden en el horizonte sin fin. Pero, tampoco hay vida: el desierto es tierra de chacales, de escorpiones y de muerte.
Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Alza los ojos hacia la cruz; deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora, porque él dijo: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia".
Dios te bendiga…!!!!
lunes, 7 de noviembre de 2011
¡Búscalo!
Pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos. 2 Crónicas 15:4.
La cerca de la posada en la que me hospedo me cuenta muchas historias, en su monotonía vertical. Me habla, en silencio, de mariposas que desaparecieron en el abismo, del otro lado de sus límites; me cuenta de la tragedia de ladronzuelos, que se quedaron con las carnes clavadas en las púas del alambre protector.
También, me muestra rosas silvestres, que trepan sus espinas aquí y allá. En fin, aquella cerca vieja me habla de libertad y de esclavitud; de vida y de muerte.
El pueblo de Israel parecía que ignoraba los "límites de la cerca"; si no los ignoraba, peor aún. La consecuencia fue terrible: ellos también, como las mariposas del hotel, desaparecieron en el abismo del anonimato; se hicieron polvo, en la arena de la historia. Historia de dolor, dispersión y sufrimiento.
Ellos también sintieron sus carnes heridas por las púas de la desobediencia, y se quedaron allí, gritando de dolor y suplicando por auxilio.
Y el Salvador apareció. "Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos", dice el versículo de hoy.
¡Qué bueno es el Señor! Siempre está presente en la hora del dolor. Jamás se olvida del hijo rebelde. Israel pensaba que la cerca protectora de los eternos principios divinos era muro esclavizador; la descartaron de su vida; fueron más allá de sus límites, en busca de libertad y de realización.
La vida tiene muchas cercas; vives rodeado de ellas. Respetarlas es vivir: el resplandor, del otro lado, es mero espejismo, brillo seductor, aurora boreal engañosa. Conozco historias tristes, de gente que saltó la cerca, en busca de nuevas sensaciones. Como Israel, hoy claman de dolor, atrapados en las garras de su búsqueda insensata.
Hoy, puede ser un día especial para rever la cerca. No la mires como las reglas de un Dios arbitrario; contémplalas como el marco protector de tu vida. Y parte, para la lucha de esta nueva jornada, recordando que: "Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos".
No desesperes si las cosas parecen balancearse: Dios está en el control. Él hará que tu embarcación llegue a puerto seguro. Él es Dios, y nunca falla.
Por eso, antes de iniciar, hoy, un día lleno de desafios para restaurar lo que parece deshecho, recuerda que "por Jehová son ordenados los pasos del hom¬bre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano".
Dios te bendiga…!!!
La cerca de la posada en la que me hospedo me cuenta muchas historias, en su monotonía vertical. Me habla, en silencio, de mariposas que desaparecieron en el abismo, del otro lado de sus límites; me cuenta de la tragedia de ladronzuelos, que se quedaron con las carnes clavadas en las púas del alambre protector.
También, me muestra rosas silvestres, que trepan sus espinas aquí y allá. En fin, aquella cerca vieja me habla de libertad y de esclavitud; de vida y de muerte.
El pueblo de Israel parecía que ignoraba los "límites de la cerca"; si no los ignoraba, peor aún. La consecuencia fue terrible: ellos también, como las mariposas del hotel, desaparecieron en el abismo del anonimato; se hicieron polvo, en la arena de la historia. Historia de dolor, dispersión y sufrimiento.
Ellos también sintieron sus carnes heridas por las púas de la desobediencia, y se quedaron allí, gritando de dolor y suplicando por auxilio.
Y el Salvador apareció. "Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos", dice el versículo de hoy.
¡Qué bueno es el Señor! Siempre está presente en la hora del dolor. Jamás se olvida del hijo rebelde. Israel pensaba que la cerca protectora de los eternos principios divinos era muro esclavizador; la descartaron de su vida; fueron más allá de sus límites, en busca de libertad y de realización.
La vida tiene muchas cercas; vives rodeado de ellas. Respetarlas es vivir: el resplandor, del otro lado, es mero espejismo, brillo seductor, aurora boreal engañosa. Conozco historias tristes, de gente que saltó la cerca, en busca de nuevas sensaciones. Como Israel, hoy claman de dolor, atrapados en las garras de su búsqueda insensata.
Hoy, puede ser un día especial para rever la cerca. No la mires como las reglas de un Dios arbitrario; contémplalas como el marco protector de tu vida. Y parte, para la lucha de esta nueva jornada, recordando que: "Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos".
No desesperes si las cosas parecen balancearse: Dios está en el control. Él hará que tu embarcación llegue a puerto seguro. Él es Dios, y nunca falla.
Por eso, antes de iniciar, hoy, un día lleno de desafios para restaurar lo que parece deshecho, recuerda que "por Jehová son ordenados los pasos del hom¬bre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano".
Dios te bendiga…!!!
jueves, 3 de noviembre de 2011
¡Decídete!
Respondió Rut: no me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré.
Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios.
Rut 1:16.
Edson sufría. Su dolor era el dolor del espíritu. Su lucha, interior, aquella que, cuando te hiere, no sangra por fuera; aquella que nadie ve y, sin embargo, te incomoda de día y de noche.
Todo había empezado al encontrarse con verdades ignoradas. Estaban allí, en la Biblia; un libro tan antiguo y tan nuevo, al mismo tiempo. La ac¬tualidad, la practicidad y la relevancia de esas verdades lo asustaban y lo sorprendían; lo fascinaban y le causaban temor.
¿Puede la Biblia asustar? ¡Claro que sí! Remueve los fundamentos de todo lo creído; sacude tus convicciones; estremece tu realidad.
Frente a la Biblia, solo tienes tres caminos: la aceptas, la niegas o la relativizas (es decir, la acomodas a tu gusto, creas tu propia verdad, la particularizas, solamente para aplacar el grito de la conciencia).
Negarla sería falto de inteligencia. ¿Cómo negar el día, si el sol brilla, esplendoroso, en medio del cielo azul? Más fácil sería razonar en torno a esa realidad. Decir, por ejemplo, que es de día aquí, pero la noche envuelve a los que habitan el otro lado del planeta.
¡Olvídate de quienes viven al otro lado de la tierra! Estamos hablando de tu realidad. ¿Por qué no la aceptas?
Edson sufría. Sentía el dolor de Rut, cuando le dijo a la suegra: "Tu pue¬blo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios"; era el dolor de la decisión. Decidir jamás fue fácil; confortable es quedarse encima del muro, esperando ver de qué lado sopla el viento. Confortable, en palabras. Porque el espíritu sufre, se desintegra, se divide, se inhabilita para la felicidad.
Hay momentos, en la vida, en que es necesario dar el paso definitivo. Avanzar o retroceder: decidir.
La decisión de Rut, la joven moabita, quedará registrada en la historia como una de las decisiones más extraordinarias. Miró hacia su pasado sin miedo; contempló el nacimiento de un nuevo día. No renunció a sus convic¬ciones: les dio otra dirección.
La verdad no borra tu pasado; le da sentido, lo restablece. Te ubica en la única realidad que vale: la que proviene de Dios. Por eso, Rut dijo a Noemí: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios".
Dios te bendiga…!!!
Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios.
Rut 1:16.
Edson sufría. Su dolor era el dolor del espíritu. Su lucha, interior, aquella que, cuando te hiere, no sangra por fuera; aquella que nadie ve y, sin embargo, te incomoda de día y de noche.
Todo había empezado al encontrarse con verdades ignoradas. Estaban allí, en la Biblia; un libro tan antiguo y tan nuevo, al mismo tiempo. La ac¬tualidad, la practicidad y la relevancia de esas verdades lo asustaban y lo sorprendían; lo fascinaban y le causaban temor.
¿Puede la Biblia asustar? ¡Claro que sí! Remueve los fundamentos de todo lo creído; sacude tus convicciones; estremece tu realidad.
Frente a la Biblia, solo tienes tres caminos: la aceptas, la niegas o la relativizas (es decir, la acomodas a tu gusto, creas tu propia verdad, la particularizas, solamente para aplacar el grito de la conciencia).
Negarla sería falto de inteligencia. ¿Cómo negar el día, si el sol brilla, esplendoroso, en medio del cielo azul? Más fácil sería razonar en torno a esa realidad. Decir, por ejemplo, que es de día aquí, pero la noche envuelve a los que habitan el otro lado del planeta.
¡Olvídate de quienes viven al otro lado de la tierra! Estamos hablando de tu realidad. ¿Por qué no la aceptas?
Edson sufría. Sentía el dolor de Rut, cuando le dijo a la suegra: "Tu pue¬blo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios"; era el dolor de la decisión. Decidir jamás fue fácil; confortable es quedarse encima del muro, esperando ver de qué lado sopla el viento. Confortable, en palabras. Porque el espíritu sufre, se desintegra, se divide, se inhabilita para la felicidad.
Hay momentos, en la vida, en que es necesario dar el paso definitivo. Avanzar o retroceder: decidir.
La decisión de Rut, la joven moabita, quedará registrada en la historia como una de las decisiones más extraordinarias. Miró hacia su pasado sin miedo; contempló el nacimiento de un nuevo día. No renunció a sus convic¬ciones: les dio otra dirección.
La verdad no borra tu pasado; le da sentido, lo restablece. Te ubica en la única realidad que vale: la que proviene de Dios. Por eso, Rut dijo a Noemí: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios".
Dios te bendiga…!!!
miércoles, 2 de noviembre de 2011
No quisisteis
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
Mateo 23:37.
Dios es un Dios de comunidad. La propia esencia de su ser lo muestra: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en una unidad indivisible, de un único Dios eterno.
Ese Dios creó al ser humano por amor. Primero, a Adán. Y, al verlo solo, declaró: "No es bueno que el hombre esté solo". Realmente no es bueno; des¬de ningún punto de vista. El ser humano no fue creado para vivir aislado de las otras personas. Por eso, Dios les dijo: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra". Dios quería tener, en esta tierra, un pueblo peculiar y especial, que viviera unido. El factor de su unidad sería el propio Dios. Desdichadamente, el ser humano se apartó del Señor, y el resultado fue la fragmentación: empe¬zaron las acusaciones, las agresiones y la división.
La historia bíblica muestra que cada vez que los seres humanos volvían los ojos a Dios, se unían; y, cuando se apartaban de él, se dividían. Sucedió con Caín: se alejó, fue a un lugar distante, se apartó. El pecado lo llevó a aislarse.
Pasaron los años. Vino el diluvio. Una familia se unió. El elemento de unión era Dios. Podrían haber sido muchos más los que se unieran, pero no buscaron a Dios. La comunidad de Dios nunca está cerrada; no es exclusivista, no hace diferencia entre los seres humanos. Basta creer.
Después del diluvio, los seres humanos trataron de formar una comuni¬dad. En lugar de tener, como elemento de unidad, a Dios, escogieron colocarse en contra de Dios. ¿Cuál fue el resultado? Confusión, desorden y fracaso. Así terminó la historia, en Babel.
Por más bien intencionados que sean los planes de unidad del ser humano, si no tienen a Cristo como el centro, están condenados al fracaso. El ser huma¬no natural es egoísta; quiere todo para sí. Y, aún cuando sus planes parezcan bellos por fuera, traen por dentro la mancha miserable del egoísmo, que lo arruina todo.
Si te sientes solo, distante, triste y aislado, revisa tu relación con Cristo. Si intentas unir a un grupo y, por más que te esfuerzas, nada logras, analiza la re¬lación del grupo con Cristo. Solo él puede unir los corazones; la parte humana es aceptar. Recuerda el lamento de Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!"
Dios te bendiga…!!!
Mateo 23:37.
Dios es un Dios de comunidad. La propia esencia de su ser lo muestra: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en una unidad indivisible, de un único Dios eterno.
Ese Dios creó al ser humano por amor. Primero, a Adán. Y, al verlo solo, declaró: "No es bueno que el hombre esté solo". Realmente no es bueno; des¬de ningún punto de vista. El ser humano no fue creado para vivir aislado de las otras personas. Por eso, Dios les dijo: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra". Dios quería tener, en esta tierra, un pueblo peculiar y especial, que viviera unido. El factor de su unidad sería el propio Dios. Desdichadamente, el ser humano se apartó del Señor, y el resultado fue la fragmentación: empe¬zaron las acusaciones, las agresiones y la división.
La historia bíblica muestra que cada vez que los seres humanos volvían los ojos a Dios, se unían; y, cuando se apartaban de él, se dividían. Sucedió con Caín: se alejó, fue a un lugar distante, se apartó. El pecado lo llevó a aislarse.
Pasaron los años. Vino el diluvio. Una familia se unió. El elemento de unión era Dios. Podrían haber sido muchos más los que se unieran, pero no buscaron a Dios. La comunidad de Dios nunca está cerrada; no es exclusivista, no hace diferencia entre los seres humanos. Basta creer.
Después del diluvio, los seres humanos trataron de formar una comuni¬dad. En lugar de tener, como elemento de unidad, a Dios, escogieron colocarse en contra de Dios. ¿Cuál fue el resultado? Confusión, desorden y fracaso. Así terminó la historia, en Babel.
Por más bien intencionados que sean los planes de unidad del ser humano, si no tienen a Cristo como el centro, están condenados al fracaso. El ser huma¬no natural es egoísta; quiere todo para sí. Y, aún cuando sus planes parezcan bellos por fuera, traen por dentro la mancha miserable del egoísmo, que lo arruina todo.
Si te sientes solo, distante, triste y aislado, revisa tu relación con Cristo. Si intentas unir a un grupo y, por más que te esfuerzas, nada logras, analiza la re¬lación del grupo con Cristo. Solo él puede unir los corazones; la parte humana es aceptar. Recuerda el lamento de Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!"
Dios te bendiga…!!!
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